Vidas ordinarias. Sara Leizeaga.



Creo que es la primera entrada que no va sobre mí. Pero me parece imprescindible hacer una mención al libro que ha publicado una amiga: Vidas ordinarias.

No le deseo suerte.

Imaginaros a mi amiga sentada en una silla, escribiendo en un portátil. Clic, clic, clic. Detrás, una ventana, el Sol radiante, que a los segundos es sustituido por la luna, y esta, de nuevo, sustituida por el Sol. Así sucesivamente. Después el verano, el otoño, el invierno y la primavera. Se suceden las estaciones. Y de repente todo cesa, se para el tiempo, y ella ha acabado su libro.

Pues no. Eso pasa en las películas.

Su vida no es un cuento. Ella sabe que los sueños son para los que se duermen. Se ha esforzado en cada página. En cada línea. En cada palabra, punto o coma. Ha lidiado con el sentimiento de derrota que se siente cuando crees que no llegas, cuando lo ves todo oscuro. Ella ha pasado por encima de las miradas escépticas, de los comentarios hirientes, de la lógica y la estadística. Ella se ha esforzado, y ha dedicado una parte importante de su vida a escribir Vidas ordinarias.

De todo lo que consiga, no le deberá absolutamente nada a la suerte.


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